Viernes, 07 de mayo de 2010
Marc estaba pasadísimo ese día. Eran las 6 de la mañana y llevaba un número incontable -unas 10- copas encima. Controlaba pero poco... bueno en realidad apenas controlaba nada.

Salió a trompicones de la discoteca “mimoide”. Siempre se había preguntado qué coño significaba eso de “mimoide”. Le costaba ver con claridad, así que agachó la cabeza y fijó su atención en el suelo de la calle, así conseguía mantener la verticalidad con mayor facilidad. Avanzó por la calle sin cruzar, recordaba vagamente haber dejado el coche en ese mismo lado más adelante, no había encontrado sitio en las proximidades de la discoteca.
Comenzó a llover con intensidad, por lo que su visibilidad se vio todavía más reducida. Fijó su atención en los coches que iba pasando, esperando encontrar su BMW rojo. Tras unos cinco minutos de caminata, creyó encontrarlo. Introdujo la llave y arrancó. Apenas veía nada. Entre lo borracho que estaba y la lluvia, le costaba mantener el enfoque correcto en la carretera. Por un momento dudó si emprender la marcha o dormir la mona un par de horas para recuperarse...decidió emprender la marcha. Comenzó a pensar en la rubia que acababa de darle el teléfono... esa no tardaría en caer... no tardaría, mañana mismo la llamaría para ir al cine y... ¡HOSTIA!
Apenas tuvo tiempo de apercibirse de que había invadido el carril contrario, solo cuando los focos de otro coche lo deslumbraron se dio cuenta. También llegó a ver como el conductor del otro coche pegaba un volantazo, perdía por completo el control e iba a estrellarse contra un muro natural a unos cinco metros fuera de la calzada, tras unos árboles. Marc retomó rápidamente su carril y detuvo el BMW. Salió y notó la lluvia, la notó mucho mas fría que antes. Tenía el corazón desbocado, se le salía del pecho y le dolía la cabeza. Corrió hasta el coche accidentado chapoteando, sin conseguir ver nada, y manteniendo el equilibrio a duras penas. Tenía los sentidos como agudizados. El ruido de la lluvia le resultaba atronador. Solo cuando estuvo muy cerca se dio cuenta de la gravedad del asunto. A poco más de un metro pudo observar el mar de sangre que comenzaba a rodear el coche. Los regueros mezclados con el agua se extendían en todas direcciones por el barro que rodeaba el vehículo.
Mierda coño, ¡mierda!
Se asomó a la parte delantera del coche, o más bien lo que quedaba de ella. El coche estaba completamente aplastado hasta la mitad. El acompañante estaba prácticamente seccionado por la mitad entre el vehículo y el muro. No debía llevar cinturón. El conductor y dos personas más estaban atrapados entre el amasijo de hierros.
Miró los asientos de atrás y pudo ver a una chica joven, no llegaría a los veinte, ensangrentada pero aparentemente consciente. Marc sacó su móvil para llamar a la policía. Comenzó a marcar el número pero sin saber muy bien por qué, se detuvo. Volvió a mirar al conductor (con el cuello completamente seccionado debía estar muerto) y a la chica de atrás que había cerrado ya los ojos (la única superviviente a juzgar por las heridas de los demás). Entonces le sobresaltó el brazo de la chica que le agarró de la muñeca por un orificio de entre el amasijo de hierros.
Ayuu..dddaanoossss –fue como un estertor, una expiración agónica que puso el corazón de Marc a 200 pulsaciones.
Marc casi se introdujo entre los hierros de la parte delantera y pudo ver a otra chica, sin sangre en la cara pero que de pecho para abajo estaba completamente destrozada por los hierros.
Ahora mismo llamo a una ambulancia, tranquila... –gritó, pues el sonido de la lluvia contra lo que quedaba del automóvil con la cabeza introducida entre los hierros le parecía un estruendo apocalíptico.
Marc estaba completamente confuso, mareado. “¿qué he hecho? Me van a empapelar media vida por esto, saldré en los periódicos, será el fin de todas mis ambiciones”.
Casi sin darse cuenta, Marc se encontró caminando en dirección a su coche, con el móvil todavía en la mano. Entró en él con la intención de llamar a una ambulancia y darse a la fuga. Ya en el asiento, miró el móvil y pensó de nuevo en las consecuencias. ¿y si salvaban a la chica y le reconocía? ¿y si una investigación daba con él?. Aquellas personas estaban prácticamente muertas, ¿para qué arriesgarse? Además debían venir a una velocidad exagerada para quedar así. Tenían lo que se merecían por conducir como locos a esas horas. Que se jodan. Pero estaba la chica. Tal vez sobreviviera. ¿Qué ocurriría si sobrevivía? ¿Y si de algún modo lo relacionaban con el caso?
Salió del BMW como poseído, sin saber muy bien qué iba a hacer. Algo le impulsaba, algo poderoso. Ya no tenía frío, apenas sentía la lluvia. Llegó de nuevo al automóvil accidentado. Volvió a mirar a la chica. Tenía los ojos abiertos y lo miraba suplicante. Marc echó una ojeada alrededor hasta localizar lo que buscaba. Cogió una piedra del tamaño de un balón de rugby. Miró a la chica una vez más. Trató de sentir algo, algo que le impidiera hacerlo. No había nada. No sentía nada.
Descargó la piedra con todas sus fuerzas sobre la cara de la joven, aplastándosela, desgarrando la carne, quebrando los huesos, exterminando la vida.
El faro de Vigo informaría sobre un terrible accidente ocurrido aquella noche. El coche había perdido el control y se había estrellado contra un muro. Los cuatro cuerpos estaban destrozados. Nadie había sobrevivido. Se desconocían las causas que provocaron que el coche perdiera el control... etc etc
Marc apenas recordaría nada de lo ocurrido. Sus víctimas, donde quiera que ahora estuvieran, no tendrían ni siquiera el sentimiento de culpa para torturar su conciencia lo que le quedaba de vida.

Tags: grandes relatos

Publicado por snoopy2 @ 15:11  | Grandes Relatos
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