Domingo, 12 de septiembre de 2010
Secci?n de relatos de terror Desde muy ni?o supe que mi vida seria servir a Dios y a la iglesia, sal? muy joven de mi hogar para ordenarme como sacerdote y predicar el evangelio. Dej? todo cuanto ten?a, familia, amigos, casa, na..

Desde muy ni?o supe que mi vida seria servir a Dios y a la iglesia, sal? muy joven de mi hogar para ordenarme como sacerdote y predicar el evangelio. Dej? todo cuanto ten?a, familia, amigos, casa, nada me importaba m?s que llevar la palabra de Cristo por todos los rincones del mundo.
As? lo hice durante muchos a?os, pero algo pas? en mi mente durante aquella dura y grave enfermedad que me tuvo cinco meses al borde de la muerte, postrado en una cama, con fuertes dolores y diarreas que no cesaban, con fiebres tan altas que deliraba como un demente, haci?ndome creer que el mal quer?a apoderarse de m?.
Ning?n m?dico supo que tenia y tal como vino desapareci?.
Dos meses despu?s de m? recuperaci?n, a mediados del verano de 1890, decid? volver al viejo continente y refugiarme en un lugar de clausura.
Despu?s de un mes de viaje por barco y a caballo, por fin, a principios del oto?o llegue a una de las abad?as m?s vieja de Europa. Todo mi af?n era meditar e intentar que mi vocaci?n espiritual y cristiana no se fueran a pique.
?Por qu? estas dudas? Me preguntaba una y otra vez.
?Por qu? se me desvanece la fe? Siento que el due?o de las tinieblas esta involucrado en esto, me quiere llevar, lo s?, siento que me observa en la oscuridad de mi peque?a y l?gubre habitaci?n, quiere que renuncie a ti Se?or, dame muestras de que estas, necesito una se?al tuya, no tengo fuerzas ni mentales ni f?sicas para aguantar esta tortura, me esta ganando la batalla y tu no escuchas mis plegarias.
Pasan los d?as y el oto?o va desapareciendo, dejando paso al fr?o y triste invierno. Que r?pido pasa el tiempo, todo un oto?o y sigo igual. S? que de este invierno no va a pasar mi encuentro con el maligno. Me pondr? a prueba para arrastrarme hacia EL utilizando todas sus artima?as.
?Qu? voy hacer se?or?.
La abad?a era el lugar que eleg? para enfrentarme a este ag?nico suplicio, no era un sitio grande sino mas bien peque?o, un lugar melanc?lico, solitario, donde resid?an doce frailes de edad avanzada que lo cuidaban, mejor dicho que lo manten?an en pie despu?s de siglos. Doce frailes como doce eran los ap?stoles de Jes?s.
Hab?a un min?sculo huerto y un corralito con seis gallinas y un gallo de los cuales sacaban el sustento para mantenerse medianamente alimentados. Pegado estaba el cementerio en el cual hab?an ido enterrando a los hermanos que hab?an muerto all? durante siglos, no m?s de treinta tumbas con m?s de cuatrocientos a?os entre el primer cuerpo y el ?ltimo enterrado y una capilla donde pasaban la mayor parte del d?a rezando.
El edificio principal de la abad?a constaba de trece habitaciones, enumeradas con n?meros romanos, todas iguales, una cama, una mesita, un peque?o armario, un gran crucifijo colgado en la pared encima de la cabecera y una peque?a ventana con rejas, igual que una mazmorra.
La noche de Nochebuena despert? angustiado, sobresaltado, s? que el mal hab?a estado dentro de m?, en mis sue?os quiz?s, o quiz?s no eran sue?os, no pod?a estar seguro, como cuando estuve enfermo, de lo que s? estaba seguro era que todav?a pod?a escuchar perfectamente esas voces que me repet?an una y otra vez.
?D?nde esta tu Dios? ? Por que no ha parado lo que te he obligado hacer?
?Basta!, ? Basta! Grit? desde mi cama encogido en posici?n fetal.
?Todo es mentira!
Pero las im?genes que ve?a en mi mente eran muy reales, paredes llenas de sangre y crucifijos clavados en cuerpos humanos.
Reun? las fuerzas suficientes para saltar de mi lecho y salir de all?, corriendo por el pasillo, todo me daba vueltas, me vi las manos ensangrentadas y las voces que me hablaban en mi interior cada vez eran m?s potentes, observ? que todas las habitaciones de los frailes estaban abiertas, no pude detenerme y entr? en la primera, all? estaba uno de ellos tendido con los brazos en cruz atados a la cama, amordazado y con el crucifijo de la cabecera clavado invertido entre los dos ojos y en las paredes la pregunta ?D?nde esta tu Dios? escrita en sangre.
Me impregn? el pecho de v?mitos y l?grimas y corr? a las dem?s habitaciones encontr?ndome el mismo espect?culo macabro.
Hab?a asesinado a los doce hermanos y tu Dios m?o no lo impediste, dejaste que ?L ganara, me abandonaste a mi suerte sabiendo que no podr?a vivir con esta carga y aqu? me tienes ahora con una cuerda al cuello en mi celda, despu?s de entregarme a las autoridades y ser juzgado a cadena perpetua por enajenaci?n mental y sonambulismo.
A esa conclusi?n llegaron la iglesia, los jueces y m?dicos que me juzgaron y examinaron, dijeron que los asesin? mientras me encontraba en un estado de sue?o, por eso no me aplicaron la pena de muerte. Despu?s de tres meses encerrado hoy he conseguido robarle una cuerda a mi carcelero, la cuerda que me quitar? la vida y me llevar? con ?L, mi verdadero Dios.
Quedar? para siempre la historia del sacerdote asesino, que mat? a doce frailes en la abad?a m?s vieja de Europa y que con el paso del tiempo fue conocido en todos los pueblos aleda?os al lugar de la masacre como el Padre Muerte.

?Y t? sabes donde esta tu Dios?

Bur?n

Publicado por snoopy2 @ 10:12  | Grandes Relatos
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